Dream
The Congress

Clínica del despertar imposible: sueño, eternidad, y tiempo

Jésus Santiago

Jésus Santiago

El sueño es el resultado del cifrado que ocurre en el pasaje del goce pulsional –en sí mismo no simbolizable– al inconsciente. En el cotidiano del psicoanalista, se hace énfasis en el lugar del desciframiento, teniendo en consideración que en este trabajo, el sueño descifrado desempeña el papel de separar al soñador del saber del Otro, permitiéndole de esta manera, aprehender el poder que el lenguaje y el habla, ejercen sobre el sujeto. Sin embargo, con el avance de la enseñanza de Lacan sobre el tema del inconsciente, se instituye una nueva hipótesis clínica en la cual sobresale el uso del sueño como diferente del desciframiento que busca revelar los caminos oscuros y sinuosos del inconsciente. La presencia de la vertiente real del sueño, referida al llamado “ombligo de los sueños”, repercute el traumatismo inaugural, momento en que el sujeto y el objeto coinciden, en la medida en que sus diferencias son abolidas. Esta repercusión del trauma en el sueño, nos encamina para lo ininterpretable del sueño, y por lo tanto, para un cierto desencantamiento con el despertar por la vía del inconsciente.

Es sabido que en la ultimísima enseñanza predomina la tesis clínica de que “no se despierta jamás del sueño” [1], o sea, el despertar es lo real, bajo la forma de lo imposible, de lo que no cesa de no escribirse. Considerar el despertar como un imposible que orienta la clínica del analista exige encarar la paradoja de que lo esencial de la práctica analítica, se escribe solamente por una fuerza de la contra-naturaleza del inconsciente. En consecuencia, la práctica analítica emana de un esfuerzo que va contra la tendencia sugestiva o hipnótica natural del inconsciente. O sea, en consonancia con la hipótesis de que no se despierta jamás del sueño, se extrae la propia naturaleza del inconsciente, que se define por su propensión al adormecimiento, que en los términos de Lacan, se enuncia de la siguiente manera: “El inconsciente, es muy precisamente la hipótesis de que no se sueña solamente cuando se duerme”[2].

En efecto, si el despertar es un imposible es porque se considera el deseo de dormir como un hecho inexorable del funcionamiento mental, o sea se duerme incluso estando despierto. Si el deseo de dormir es tan esencial y si no se confunde con la función fisiológica del dormir, es obvio que el mismo encuentra su explicación en el sueño, que en última instancia se define como su guardián. Por consiguiente, es la naturaleza del inconsciente que se encuentra en la base de la importancia decisiva del deseo de dormir para el funcionamiento mental.

Ese valor de contra-naturaleza se aplica, sobretodo, en la interpretación, aunque se tome al despertar como un imposible, la interpretación apunta, de alguna manera, a ese despertar. Puedo afirmar que el punto de partida de este esfuerzo de buscar efectos en el estado somnoliento del parlêtre, por medio del sueño, ya se hizo presente al final de los años 60 en el Compte rendu de l’Éthique, considerando que todo abordaje del sueño exige siempre una conceptualización del inconsciente. En ese momento, el inconsciente ya había dejado de ser la vía regia para el despertar de las verdades del sujeto, pues según él: “sólo se despierta para continuar soñando”[3]

Lacan observa además que lo que viene del inconsciente a través del sueño es apenas un “sentido incoherente” que el propio sueño fabula para revestir lo que se articula en él, como una frase[4]. Si lo que proviene del sueño es un “sentido”, “un sentido nuevo”, debe admitirse que el sueño es una interpretación que Lacan mismo caracteriza como una “interpretación salvaje”. La clínica del despertar distingue por lo tanto, dos modos de interpretación: la interpretación que adviene del sueño y que se denomina “interpretación salvaje” y la llamada “interpretación razonada [raisonnée]” que al sustituir a la primera, hace aparecer la falla que la frase del sueño expresa.

Luego, si el sueño es en sí mismo una interpretación, se debe al hecho de que su formación culmina siempre en la creación de un sentido nuevo. Como dije anteriormente, el sueño no contiene solamente el sentido y su disposición al desciframiento, sino que también existe en él una apertura para lo desconocido, que Freud nombró el “ombligo”, considerado como un resto ininterpretable. Es ese real que causa imágenes oníricas, que se expresan en el relato del sueño en términos de significantes y frases. Si el sueño es la producción incesante de una interpretación salvaje, que siempre genera un sentido nuevo, podemos deducir que el sueño está sometido a la eternidad del sentido.

Jacques-Alain Miller nos propone que la eternidad es una modalidad temporal decisiva para entender la función del sueño en la clínica del despertar imposible. La eternidad se define como la ausencia de tiempo, y no en vano aparece como algo con lo que se sueña. La eternidad constituye la función temporal propia del inconsciente transferencial o descifrable. Se sueña con la eternidad y ese sueño consiste en imaginar que se despierta. La sucesión temporal se hace soñando y en consecuencia no se sueña solamente cuando se duerme[5]. Como expresión de la contra-naturaleza, la interpretación denominada “razonada”, tiene por este motivo que proponerse como algo que no sea la eternidad del sentido, propia del sueño.

En la clínica del despertar, la lectura del relato del sueño por parte del analista, debe buscar circunscribir aquello que en el inconsciente está más allá del sentido, aquello que viabiliza una experiencia del inconsciente compatible con la opacidad propia del real. Si el acento sobre el uso se refiere a la vertiente real del sueño, el desciframiento por su parte se dirige a la producción infinita y eterna del sentido.

DESCIFRAMIENTO à sentido à VÍA REGIA [Inconsciente/ETERNIDAD]

USO à real à OMBLIGO [Despertar/TIEMPO]

Por supuesto que, incluso si el desciframiento conlleva el carácter fugitivo del sentido, algo que remite a la eternidad de la producción inconsciente, podemos afirmar que ésta no se encierra en sí misma, así como tampoco se restringe al circuito estricto del sentido. Esto nos lleva a preguntarnos: ¿el desciframiento se opone al uso? O también cuestionarnos si, cuando la práctica del desciframiento ocurre, ¿siempre enmascara las posibilidades del uso de lo real que está en la base de la formación del sueño? La vertiente del uso del sueño exige del analista ir más allá del sentido de la frase principal, para poner en primer plano la dimensión temporal del sueño, dimensión que justamente, se extrae de la eternidad del inconsciente. En este caso, la interpretación es uso, por lo tanto, es el tiempo que equivale al corte o a la extracción del punto de falla en la narrativa del sueño.

Si el uso concierne a la introducción del tiempo en el sueño, sin embargo es necesario considerar que deja de ser la duración concebida como la sucesión temporal. A pesar de mostrarse confundido con la eternidad, el sueño no es refractario al tiempo recortado por las modalidades subjetivas de la mirada, de la espera y de la urgencia. Es la función temporal del corte, que el psicoanalista hace surgir en el tratamiento que confiere a lo real del sueño. La “interpretación razonada” se trata, según los propios términos de Lacan de, nada más y nada menos, que una “frase reconstituida” que permite captar la falla en que la frase y no el sentido, deja entrever lo que fracasa y se estremece en el encuentro con lo real. Lo que falla es también el deseo. Es en ese vacío de significación que se aprehende el deseo. El deseo del sueño es, antes que nada, el deseo de dar sentido a la eternidad, y es de eso que el desciframiento se alimenta. Permanece entonces la cuestión sobre el despertar posible del sujeto. Freud pone énfasis en el hecho de que es la angustia lo que interrumpe el dormir cuando el sueño desagua sobre lo real de lo deseado. Por ese motivo, el sujeto solamente se despierta para continuar soñando, y este despertar exige la interpretación analítica que anhela tocar o mismo fracturar la naturaleza del inconsciente.

NOTAS

  1. Lacan, J., Consideraciones sobre la histeria, Quarto, nº 2, 1981.
  2. Lacan, J. (1977-78) El Seminario, Libro XXV, Momento de concluir, Lección del 15 de noviembre, inédito.
  3. Lacan, J., Reseña con interpolaciones del seminario de la ética. en: Reseñas de enseñanza, Buenos Aires, Ed. Manantial, Junio de 1988. Pp. 3-25 -- 58 p.
  4. Ibid., Pp. 3-25 -- 58 p.
  5. Miller, J.-A., Los cursos psicoanalíticos de Jacques-Alain Miller. El Ultimísimo Lacan, Buenos Aires, Paidós, 2013, p. 262.